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Flamenco en el Alamillo, un resumen.

Es difícil seleccionar unas cuantas fotos cuando has hecho miles durante varios espectáculos de un mismo ciclo. Este verano he estado fotografiando los “Veranillos Flamencos del Alamillo”, con la participación de personas reconocidas en las tertulias, con el cante y guitarra tanto de aficionados como de alumnos de la Fundación Cristina Heeren y con baile también por parte de alumnos de esta fundación.

Ha sido una gran oportunidad  ver y escuchar a estos jóvenes profesionales del flamenco que, aunque están empezando la mayoría de ellos, tienen mucha madera y mucho arte con lo que hacen. Muchos de ellos no son españoles. Han llegado hasta nuestra tierra buscando esta cultura, captando todo el sentimiento de este cante y este baile y dándole forma sobre el escenario.

Fotográficamente hablando, manejarse con la luz de un escenario, sobre todo cuando es uno provisional que no tiene grandes instalaciones, no es fácil. La dificultad resulta especialmente acentuada en el baile, donde el bailaor pasa de la sombra y la penumbra a estar bañado por la luz directa de un foco en cuestión de medio segundo, y con grandes contrastes de zonas iluminadas y sombras.

Por otro lado, como alumna de baile flamenco, debo decir que he disfrutado como nunca buscando capturar los instantes precisos en que el bailaor o bailaora compone esa imágen que todos queremos que perdure en nuestra memoria y no se borre según nos vamos del espectáculo. Aunque  no dedico toda mi formación a bailar, sí que puedo hacerme una idea de las horas de trabajo que requiere aprender lo que se necesita para subir a ese escenario y dibujar esas figuras que tan bellas y expresivas nos resultan.

Debo reconocer que, aunque soy muy selecta con lo que me gusta de un baile flamenco, el sentimiento que se mueve en este baile me conmueve.

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