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Quién soy

2N7A2069_DxO-Editar-Editar Natural de Sevilla y desde muy pequeña amante del baile y el arte, en especial la fotografía. No recuerdo con qué edad me comprarían la primera cámara… seguramente con 8 o 9 años, que la pedí para poder llevarla a los campamentos de verano. Se convirtió, junto con la grabadora de audio (en aquella época las cámaras de video no estaban tan extendidas) en mi compañera de viaje constante. Por aquel entonces sólo buscaba inmortalizar un recuerdo, nadie me había hablado de composición ni de usos artísticos. La cámara iba en automático y yo captaba los momentos que me gustaban.

Cuando con 10 años me pidieron hacer un trabajo del tema que quisiera en las vacaciones de Semana Santa, lo tuve claro; yo por nada del mundo me iba a perder esta semana por el centro, así que busqué información para redactar y me propuse hacer yo las fotos para mi trabajo. Todos me decían que no hacía falta, que había miles de fotos de todos los pasos para recortar y poner en mi trabajo. Pero algo había que me empujaba a llevar mi cámara y empezar a experimentar. Mi familia se ríe de que saqué algunos cristos sin cabeza, pero lo cierto es que no resultó nada mal ni la experiencia ni el resultado.

La cámara empezó poco después a acompañarme también cuando salía por las tardes los viernes, cuando había alguna comida familiar, a las excursiones por supuesto…  Los carretes y los casettes en blanco empezaban a convertirse en necesidad básica.

Llegó la era digital y la dinámica siguió en la misma línea. Como una enamorada de su mejor amigo que se niega lo que siente porque “no puede ser”, según estudio óptica y electrónica en la carrera (Ciencias Físicas), me da por mirar cámaras un poco más serias, pero “Sólo por la curiosidad, yo no voy a comprar una de estas.” Me planteo una semiréflex y empiezo a buscar. La réflex pasa por mi mente pero “eso no es para mi”.  Mi compacta ya no me vale para lo que estoy buscando, empiezo a entender por qué todas esas fotos no salían como yo buscaba y sigo buscando. Indagando y yendo a varias tiendas, me encuentro con un fotógrafo que me dice que la peor de las réflex siempre será mejor que una semireflex. Decido dar el salto con el miedo de que “con lo que pesa eso, va a acabar quedándose en casa siempre y yo con la compacta”.

Compro mi primera réflex, una Canon EOS 550D. Y no exagero si digo que hasta para salir a tomar unas tapas con los amigos la llevaba encima. Ahí comenzó el camino de esta locura fotográfica.  Desde entonces no he parado de leer, de formarme, buscar talleres, pequeños cursos… y hacer fotos… muchas fotos.

Realicé un curso de fin de semana con Daniel  Colleman, fotógrafo de bodas. Y otro taller de bodas , junto con otro sobre flash de mano con Nacho Gutierrez.

En este tiempo decido dar el salto; cambio mi cámara por una profesional (una Canon 5D Mark III) e invierto en objetivos y equipo de calidad. Empiezo a tener encargos y a poner en práctica lo aprendido.  Desde entonces, ya todo es poco para poder seguir avanzando, y ahí sigo; aprendiendo cada día y buscando el alma de todo que quiero plasmar en una foto.